martes, 23 de marzo de 2026
A ti, que te has detenido un momento,
Ni idea desde dónde, cómo o por qué estas leyendo esto.
Pero yo mientras lo escribo estoy viendo mi huerto. Incluso el gallinero al fondo. La ventana está entreabierta, los pajaritos cantan, las nubes se levantan y mi vaca Bava me observa. Fijamente.
Es un despertador al que hay que apretarle los cuernos para pararlo. Me lo regalaron en la primera comunión. El fin de semana, cuando me dejaban ponerlo, solía despertarme soñando que eran fiestas en mi pueblo y la vaquilla me cogía.
Qué despreocupada era la vida entonces.
Pero luego me fui a la ciudad, a la universidad, a las grandes empresas… y de nuevo volví al campo.
Hasta aquí bien, bastante idílico. Pero te voy a ser desgarradoramente sincera.
Estudié Ingeniería Informática (que poco tiene que ver con escribir y vender), me especialicé en imagen médica y ahora mismo pago las facturas con mi sueldo de funcionaria.
Pero eso es lo que me toca hacer para ser una adulta funcional. Para ser una adulta realizada tengo este proyecto.
Te cuento…
- El año pasado cerró la carnicería del pueblo de mi tía. Se dedicaban a matar un cerdo propio a la semana y venderlo. Y hacían las mejores longanizas de Pascua que he probado nunca.
- Cuando murió mi tío abuelo decidí que no podía dejar de comer los mejores tomates de mi vida, los que cultivaba él en su huerto. Así que empecé a plantarlos yo.
- Cerró también por jubilación la panadería de mi pueblo. Adiós a las cocas de aceite de mi infancia, mi merienda favorita cuando salía del cole.
- ¿Qué será lo siguiente?
¿Me tocará comer miel de supermercado y carne de bandeja? No, me niego.
Por eso quiero aportar mi granito de arena a nuestro campo y a nuestros pueblos. Eso sí, a mi manera, haciendo lo que se me da bien: escribir. Escribir para persuadir. Escribir para vender más.
Ojalá ayudarte a que, como productor rural, seas sostenible, prosperes y generes riqueza a tu alrededor. Ojalá dar vida y fuerza a nuestra España vaciada.
Entiendo el orgullo que dan unas verduras cultivadas por una misma o unos huevos de tus propias gallinas. Y con eso solo puedo empezar a entrever el inmenso honor que sientes por ser lo que eres y hacer lo que haces.
Bien, pues quiero poder contribuir a comunicarlo y a hacerlo saber. A gritarlo a los cuatro vientos. Pero sin chillar. Porque si prosperas, si le damos un futuro a tu estilo de vida yo podré sentir, aunque solo sea, un poquito de ese honor tuyo.
Pero bueno, para ti solo soy una forastera, no me hagas mucho caso.
Aunque si quieres más señas soy hija de Agustinet el de la plaza y nieta de Lola la Churra.
Ahora ya sabes donde estoy. Esta es mi casa en Internet. Bueno, es mi puerta, el hogar está dentro. Escribe tu email y pasa si quieres.
Y si no, nos vemos por el campo,
Sandra y Punto.
